La última sesión Agatha Christie pdf

Aquí el libro La última sesión pdf gratis por Agatha Christie

En este libro Raoul Daubreuil cruzó el Sena tarareando una cancioncilla. Era un apuesto ingeniero
francés de unos treinta y dos años, con rostro saludable y pequeño bigote negro. Cuando
estuvo en la vía Cardonet, penetró en la casa número diecisiete. La portera levantó la vista y le
saludó.

-Buenos días.
Él contestó alegremente, y subió las escaleras hasta un apartamento del tercer piso.
Mientras aguardaba después de tocar el timbre, tarareó de nuevo su tonadilla. Raoul
Daubreuil sentíase especialmente alegre aquella mañana. Una anciana abrió la puerta y su
arrugado rostro se iluminó al conjuro de una sonrisa, tan pronto reconoció a su visitante.
-Buenos días, monsieur.
-Buenos días, Elise.

Ya en el recibidor, se quitó los guantes.
-Madame me espera, ¿verdad? -preguntó por encima del hombro.
-Si monsieur quiere pasar al saloncillo, madame saldrá en seguida. En este momento
descansa.
Raoul levantó la vista.
-¿No se encuentra bien?
-¡Bien!
Elise dio un resoplido, pasó por delante de Raoul y abrió la puerta del saloncillo. El
joven entró allí seguido de la anciana.


-¡Bien! -replicó ella-. ¿Cómo va a encontrarse bien? ¡Pobrecilla! ¡Sesiones, sesiones y
más sesiones! Eso no es bueno, no es natural, ni el buen Dios lo quiere para nosotros. Opino,
y lo digo sin rodeos, que eso es traficar con el demonio.
Raoul le dio unos golpecitos en el hombro, tranquilizador.

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-Vamos, vamos, Elise. No se altere ni vea el demonio en todo cuanto no entienda.
Elise, dubitativa, sacudió la cabeza y refunfuñó:
-Muy bien. Pero diga lo que diga usted, a mí no me gusta. Madame cada día se vuelve
más blanca y delgada, y le aumentan los dolores de cabeza -y alzando las manos prosiguió-:
¡Ah, no; no es bueno todo este asunto de espíritus! Estoy conforme con los espíritus, si los
buenos están en el paraíso y los otros en el purgatorio.


-Su visión de la vida después de la muerte es maravillosamente simple, Elise –dijo
Raoul, y se dejó caer en una silla.

-Soy una buena católica, monsieur -luego de santiguarse se encaminó a la puerta y se
detuvo con la mano en el pomo-: ¿Cuando se hayan casado, monsieur -su voz era suplicante-,
todo eso se habrá acabado?
Raoul le sonrió afectuoso.

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